Canal Gitano

En busca de una Proto-historia probable del pueblo rhom

El Caballo

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El caballo gitano.

EL CABALLO

El caballo forma parte de la vida del gitano, una relación que se lleva en la sangre y no se puede entender la historia de uno sin el otro.

Chalanes y experimentados comerciantes de ganado, aun hoy las principales yeguadas siguen regentadas por familias gitanas. El siguiente documento puede ilustrar la relación y vinculación entre ambos. He tenido que ajustar algunas partes del texto original para adaptarlo al hilo argumental de CANALGITANO, sin embargo dichos cambios no alteran los datos sino la interpretación que hace el autor de determinados aspectos. A pie de pagina encontrarás el link al artículo original.

 

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Familia gitana. -Facsimil xilografia de la Cosmografía Universal, Munster

LOS GITANOS, LA MAGIA TELÚRICA Y SU INFLUENCIA EN LA CULTURA DEL CABALLO

El 11 de Junio de 1447, una caravana de carromatos y personajes exóticos y un tanto estrafalarios para aquella época, entraron en la ciudad de Barcelona, carromatos extrañísimos que, unos eran auténticas viviendas rodantes, otros eran almacenes de toda clase de objetos de cambio, herramientas muy variadas y una cantidad de caballos de las mas diversas razas y procedencia. Parecían enormemente pobres y desgraciados, sus mujeres no gustaban al pueblo de Barcelona, las consideraba sucias, desgreñadas y “medio negras”, un poco por el pigmento de su piel y otro poco por la suciedad que las cubría. Pero hubo algo que la voz popular no entendió muy bien; su procedencia, y se les llamó “gitanos”. Esta palabra se fue derivando poco a poco de la palabra catalana “egipcians”, mas tarde fue “gitans” y finalmente gitanos. Probablemente la confusión de todos estos nombres adjudicados los barceloneses, fuera provocado por tan extraños personajes, siendo el nombre de “gitanos”, el resultado de la corrupción fonética del término “egyptans” con el que ellos mismos se presentaron. En 1838 se publicó en España el primer texto en Romanó-Caló del que se tiene conocimiento. Se trata del Evangelio de San Lucas y el autor de la traducción fue George Borrow, un misionero inglés que trabajo en España con el propósito de difundir las Sagradas Escrituras entre comunidades gitanas. Este hecho constituyó una novedad sin precedentes, suponiendo el primer paso hacia la formación de la lengua romaní como expresión escrita del habla de una comunidad que, hasta entonces, había sido portadora de una cultura basada única y exclusivamente en la tradición oral.

Desde entonces, los estudios sobre la lengua gitana se han hecho cada vez mas frecuentes hasta alcanzar un nivel de difusión que ha traspasado la barrera del interés exclusivo de los lingüistas o de los intelectuales preocupados de los idiomas minoritarios, para llegar al gran público, tanto “payo” como gitano, conocedor de que el Romanó es el vehículo de comunicación de los doce millones y medio de gitanos que actualmente viven apatriados. El romaní es una de las lenguas más antiguas de las que se tiene conocimiento. Procede directamente del sánscrito, aunque a lo largo de los siglos ha incorporado en su estructura infinidad de vocablos y normas gramaticales de los idiomas hablados en aquellos países por los que los gitanos atravesaron desde su salida de las tierras de Canaán. Es imposible precisar cual fue el itinerario de expansión de los gitanos por la península, sin embargo, no hay duda alguna y es incuestionable que se repartieron a partir de Barcelona, el 11 de Junio de 1447 y se fueron extendiendo por toda la costa mediterránea. Su presencia se registra principalmente en Valencia y poco después en Murcia. Se sabe que estos primeros gitanos barceloneses estaban dirigidos por un “Duque” o “Conde” que condujo al grupo mayor hasta Andalucía, pues por aquellos tiempos hacía falta mucha mano de obra barata para sacar recursos de la región mas rica de la península en recursos naturales como: agricultura, (la depresión del Guadalquivir arrastra grandes masas de humus que enriquece enormemente las tierras de labor) y minas de carbón, plata, cobre, mercurio, estaño etc. además de pesca y ganadería. Y para sacar esos enormes recursos a la tierra hacían falta miles de brazos que, por desgracia han fomentado mucha esclavitud que sumado a un latifundismo auspiciado por terratenientes propietarios de enormes superficies fomentaron el caciquismo mas atroz. Allí los gitanos formaron grandes comunidades de cuya presencia e influencia han quedado constancia en la poesía, las artes y la etnografía. Y unos pocos (como dos docenas, no mas) se desviaron a Castilla.

 

cavall mortLOS GITANOS ERAN MAGOS, HERREROS Y TRATANTES DE CABALLOS

Como todos los pueblos nómadas, cuyo desplazamiento primordial se basa en el caballo, es lógico que fueran grandes expertos en la crianza, la doma, el herraje y el comercio equino (a otros pueblos nómadas, basados en otros animales como, camellos, elefantes, renos, uros, etc. les ocurre lo mismo). Pero en nuestra historia nos estamos refiriendo a los caballos y, en concreto, a la ciudad de Barcelona. En la ciudad condal, los árabes (que también basaban sus desplazamientos en caballos) colaboraron muy poco en la crianza, el comercio y el herraje de caballos en la penísula. La presencia mora en la ciudad fue muy breve (apenas 80 ańos) y no dejaron ninguna huella en la toponimia urbana, Parece ser que hubo un barrio, próximo al Castillo de Regomir que durante un tiempo se llamó Vilanova dels Sarráins que coincide más o menos con el sector donde actualmente se encuentran Correos y Santa María del Mar. Así que está mas que demostrado que fue el pueblo indiscutible que se dedicaba en la ciudad medieval barcelonesa, a la cría, doma, herraje y comercio de caballos, asnos y derivados.

 

LA MAGIA GITANA Y SU ITINERARIO

El Siglo XV está considerado como el de gran inmigración gitana en Europa Occidental. Aparecen ante las puertas de París en el 1427 (20 años antes que en Barcelona) explicando a la municipalidad que habían sido expulsados de Egipto por los moros. Posteriomente se deciá que marcharon a Roma a confesar sus pecados ante el Papa y que este los condenó a errar durante siete ańos por el mundo. Poco después el Obispo de París los castigó con el acta de excomunión por las reiteradas prácticas mágicas y de nigromancia que profesaban los recién llegados, y también varios de ellos subieron el patíbulo. En Barcelona las cosas no les fueron mucho mejor. Habían aprendido que en tierra cristiana había que justificar su tránsito de acuerdo con esta religión; por lo tanto no tendremos extrañeza alguna de que en 1467 otro contingente gitano dirigido por el que se presentaba como Conde Jaime Menor de Egipto, penetró por la ciudad amurallada y explicó la misma historia de la penitencia que le impuso el Papa, esta vez con la variante que debián cumplir como castigo ir en peregrinación a Santiago de Compostela. Se les atribuyó fama de nigromantes, magos adivinadores. Encontramos el caso clásico de nigromancia de la bruja de Endor, descrita en la Biblia (1 Samuel 28). Ésta invocó al espíritu de Samuel en presencia de Saúl. Ya en el Deuteronomio se previene contra la práctica canaanita de practicar la adivinación mediante el recurso a los muertos.

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Carlos V y Felipe II

En el mismo ańo del descubrimiento de América, el Rey Fernando el Católico decretó la expulsión de los gitanos. Tan solo unos pocos pudieron ser capturados y embarcados hacia destinos inciertos: la mayoría lograron refugiarse en las montańas a la espera de que pasara la tormenta. Más tarde Carlos V y Felipe II revalidaron los decretos de expulsión. A estas alturas ya sabemos todos que los gitanos vivieron con una relativa calma, posteriormente fuen víctimas de la segregación de la que todavía hoy existen secuelas atenuadas, aun alejadas del conocimiento. Les cuento todo esto para dejar constancia de que no quiero cerrar los ojos ante la parte negativa de la historia de los gitanos de la cual no quiero pecar de omisión pero, no obstante con los gitanos ocurre igual que con todos los colectivos que deciden instalarse en otros, de costumbres muy distintas que siempre presentan problemas de convivencia si los “visitantes” no adoptan la vida y costumbres de los “visitados”, y más si los visitantes no son guerreros (los árabes como eran vencedores “imponían” sus costumbres, y punto). Los gitanos formaban una Nación sin estado, pero con gobierno, lengua propia y costumbres ancestrales que se argumentaron como un problema para la convivencia, Siempre se ha tendido a adjudicarles cualquier acontecimiento o suceso en el que no se haya logrado saber el culpable.

La Virgen de Santa María del Mar

Nostra Senyora del Mar, la Virgen de Santa Maria del Mar.

En el Siglo XVII, en las cercanías de la Iglesia de Ntra. Sra. del Mar, en lo que se llamaba <volta dels=”” ases=””> (Arco de los Asnos) se reunían los tratantes de estos animales y uno de los cuales fue robado, por supuesto culparon del delito a un gitano y, el rigor de las leyes de la época lo llevó al patíbulo. Antes de que su cuerpo pendiera de la soga, tuvo tiempo de lanzar una de las terroríficas maldiciones que caracterizan (y también caricaturizan) al pueblo gitano. La maldición consistía en que todo asno que pisara una piedra determinada que él había encantado previamente moriría, y así ocurrió efectivamente, hasta que el comerciante que lo había denunciado falleció. Pero vamos a hablar de la parte positiva de la Nación Gitana:

En Medina del Campo en 1499, el Cardenal Cisneros hizo una pragmática que obligaba a los gitanos a tomar asiento debiendo designar en cada lugar dos gitanos herreros que serían nombrados jefes del poblado. Hubo entre ellos muy buenos herreros y en Barcelona, su etnia quedó ligada, como en otros lugares, al comercio de caballos y asnos. Eran muy listos y dotados de gran inteligencia en la doma y comercio de equinos, lo que provocaba continuas envidias de los “payos” (a los judíos les pasaba igual con las finanzas). Como eran muy hábiles herradores de caballos y magníficos fabricantes de herraduras y clavos, la envidia provocó que se vertiera sobre ellos nuevas calumnias. Se corría la voz de que habían forjado cuatro clavos encargados por los romanos para crucificar a Cristo. Tres de ellos se emplearon en la Cruz, mientras que el cuarto se utilizó en la espada de Mahoma que los expulsó de Egipto.

Como vemos, esta etnia maldita estaba también ligada al oficio de la forja de cacharros, de herraduras y de clavos, y en este oficio eran auténticos maestros, esta siempre fue su industria tradicional, los martillos sobre el yunque han de llevar un ritmo para que el trabajo se realice con menos esfuerzo y mayor precisión y provecho y sin que se lastimen los herreros. Estos ritmos de los martillos sobre el yunque, junto al acompasado resoplido del fuelle de la fragua, lo incorporaron los gitanos al cante flamenco (yo prefiero llamarle cante Jondo) para cantar “La Plańiera” (seguidilla gitana) y otros cantos, sobre todo “El Martinete”. A semejanza de los judíos y los árabes, los gitanos no han creado el cante flamenco pero, crearon muchos estilos propios y colaboraron en su conservación por todo el Mediterráneo; Andalucía, Murcia, Valencia y Cataluña. Hay que aclarar que el flamenco es JAZZ; nuestro jazz.

Es un canto de marginación que ya existía en toda la costa mediterránea, antes de que vinieran árabes, judíos y gitanos, aunque también se considera fundamental la presencia del gitano en el cante flamenco, que como pueblo marginado lo adopta rápidamente puesto que como ya hemos dicho es un canto de marginación. Puede admitirse que antes de abandonar el indostánica tuvieron la oportunidad de conocer sistemas tonales que habrían de encontrar mas tarde extendidos por el Mediterráneo. Esa oportunidad se la brindó la liturgia de Los Bozorios (órdenes monacales budistas de la India) tan parecida a la cristiana que sorprendió a San Francisco Javier cuando recorrió el País. Al parecer esta liturgia fue tomada por cristianos establecidos en la Tartaria, próximos al Tíbet, en la Corte de los Emperadores mogoles, en la que vivían confundidos los misioneros cristianos con los sacerdotes budistas. Los gitanos tienen una endiablada facilidad para el arte, tanto aquí como en Bohemia, en Hungría o Los Balcanes, hay que considerar que aman la vida libre por encima de todo, muchos siglos antes de que los Beatles , los Rollins Stones o los Jipis, los gitanos fueron los creadores del cabello largo y desgreñado, la vestidura informal y la vida nómada, el ponerse pendientes, collares y adornos varios y en el ejercicio profesional de su arte encuentran ancho campo para ganarse el sustento sin tener que sujetarse a la tiranía de la jornada en fábricas y talleres.

Pero volvamos al cante flamenco; hemos quedado que el cante Jondo es nuestro JAZZ y que es un canto de marginación que ya existía en el sur y a lo largo del litoral mediterráneo. Les vamos a mostrar la letra de un fandango del Júcar (La Alicantina):

Visanteta, filla meua (bis) no tires aigua al carrer per que pasará el teu novio i s´embrutará el calser (bis)

O el “Cant de L´Horta de Valencia”:

Els churros del Aragó al cresol diuen candil, a la finestra, ventana i al xoliver, perejil

Cada pueblo le ha ido aportando una modalidad de acuerdo con sus costumbres, creencias y hasta su historia (los judíos por ejemplo, aportaron La Saeta y La Petenera, que son dos cantos sinagogales). Los gitanos aportaron al flamenco un frondoso ramo de cantes, pero no queremos hacer de este trabajo un curso de cante flamenco, sino que tenemos que centrarnos en los caballos y su magia, su herraje, doma comercio y, sobre todo, la Barcelona medieval. Como ya hemos dicho, después de la pragmática del Cardenal Cisneros en Medina del Campo en 1499 que obligaba a los gitanos a tomar asiento y designando en cada lugar a dos gitanos herreros que serían jefes de su poblado, fue en la Barcelona gremial donde los gitanos destacaron en la profesión de tratantes de caballos, herreros y caldereros. Y como artistas extraordinarios, todo lo que tocaban lo convertían en arte, precisamente forjando clavos y herraduras crearon la modalidad flamenca del cante “El Martinete”; un martinete es un mazo grande y pesado, de largo mango, de uso en la forja de metales. Precisamente por la modo tonal del cante, se puede afirmar que es el producto de varias influencias musicales, especialmente la andaluza, la latina y, en parte, la artúrica0, lo que no debe sorprendernos, pues los gitanos con su nomadismo han recorrido el suelo ibérico en toda su superficie y han tenido oportunidades sobradas de asimilar ideas estéticas de todas las regiones en sus incesantes vagabundeos. El Martinete es una cuarteta octosilábica y se canta sin repeticiones en el Martinete natural (de aquí su brevedad) y con repeticiones en el Martinete redoblado. Es una canción para cantarla mientras los martillos golpean el hierro al rojo vivo sobre el yunque y se cantan letras como esta:

ˇ Mare mía de mi alma! ˇ Pare mío, que vergüenza! Que los gitanos se enteren que tengo la fragua en venta.

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La fragua

Este oficio lo practicaron los gitanos instalados en la parte baja de Las Ramblas, desde donde se mudarían luego al Muelle de Colóm, además de clavos y herraduras eran diestros en calderería y hábiles soldando placas y serpentines con estaño, habitualmente mezclado con prácticas mágicas, y además de adiestrar caballos y asnos también lo hacían con otros animales cuyo destino era danzar al son de su música, fundamentalmente osos y cabras. La comunidad era marginada no solamente por la raza, las costumbres o las artes mágicas. También lo eran por su pobreza endémica. Aquellos que lograron un cierto patrimonio fueron apreciados por la comunidad.

Se cuenta que un gitano blanco con domicilio en la calle Cardenal Casanyes, financió la construcción de un campanario de la Iglesia del Pí, y en la de Sant Antoni (hoy reconvertida en colchonería pero que todavía alberga unos hermosos arcos ojivales y unas claves de bóveda más que notables) se veneraba la imagen de Santa María Morena, unánimemente reconocida por el pueblo de Barcelona como Patrona de los Gitanos. Era uno de los nombres de Santa María Egipcíaca y muy seguramente a ella hace referencia el popular villancico que dice “Ande, ande ande, la Mari Morena. Ello demuestra que en el Siglo XVIII los barceloneses apreciaban a los gitanos y por lo menos una parte había logrado integrarse en la sociedad.

En la zona del Raval comprendida entre la Plaza del Padró, la calle de Sant Pau y la Ronda de Sant Antoni, todavía es habitada por un cierto número de familias gitanas, en un tiempo no muy lejano se le llamó “La Isleta”. Tanto los gitanos radicados en la Isleta como los núcleos que habitan en Sants y en Gracia, son generalmente bien apreciados por el vecindario y la marginación que hubo en siglos pasados se ha superado. Si ha habido algunos incidentes en otros puntos de la ciudad (Torre Baró, Sant Roc en Badalona, La Verneda y alguna zona de L´Hospitalet), su presencia ha suscitado suspicacias en los últimos ańos, se ha debido fundamentalmente al tráfico de drogas de algunos individuos, del cual la juventud ha sido la primera víctima al mezclarse con la juventud “paya”. Durante la bullanga de 1835, fueron los gitanos los que impidieron que ardiera la Iglesia de San Pablo y durante todo el Siglo XIX la cabalgata dels Tres Tombs fue organizada (brillantemente por cierto, hasta convertirse en una fiesta decimonónica) por la comunidad gitana de “La Isleta”. También se celebró durante mucho tiempo la danza gitana del fuego en la confluencia de las calles de La Cera y la calle Botella, los barceloneses acudían, entre curiosos y ávidos de erotismo exótico, a ver esta ceremonia mágico pagana.

El herrero ha sido considerado por los pueblos como alguien en contacto con las potencias mágicas: transforma los minerales en objetos a través del fuego; el fuego tiene dos acepciones tradicionales, el fuego-luz y, el fuego-calor, que no es el que procede de la luz del “Padre Sol” y da vida, sino del que nace dentro de la “Madre Tierra”, es donde moran oscuros poderes telúricos, que el herrero conoce y consigue servirse de ellos. En el caso de los gitanos esta relación es manifiesta > se dice en Hungría, Transilvánia, Moldavia y Turquía. Cuando llegan a Barcelona, los Gremios relacionados con el fuego ya se han estabilizado y los gitanos no pueden insertarse habitualmente en esta profesión, a la que solo tienen acceso las personas “libres y honestas”, cosa que no ocurre en anteriores etapas de largo periplo por Europa, en donde los Gremios, o bien no están estabilizados o carecen de la fortaleza de los de Barcelona ; pero cuando hacen su irrupción en La Ciudad Condal han atravesado parajes misteriosos y exóticos, donde abundan tradiciones mistéricas: como los gitanos son nómadas, han absorbido parte de estas tradiciones mágicas ; de ahí que al llegar a Europa Occidental sean estas actividades y no las de la forja las que los caractericen. Por lo demás es evidente que la relación entre magia y forja es estrecha y los gitanos lo que hacen es reforzar la magia, adivinación y hechicería, en tanto que se les priva el derecho a ejercer la otra (la forja) que no es sino una muestra (para el hombre tradicional) de magia telúrica.

¿ DE LA ATLÁNTIDA AL RAVAL ?

Debido a las comparaciones entre algunos términos de la lengua romaní y el dialecto malabar de la Península Indostánica, se ha forjado la creencia general de que la cuna de los gitanos es el Indostán. Conviene precisar que, el Indostán es el “origen” no la “cuna” de la migración gitana hacia el Oeste. Contrariamente a otros pueblos nómadas, como los judíos de La Diáspora que se dispersaron en distintas direcciones como un estallido, los gitanos han seguido una misma línea migratoria, una voluntad precisa de ir hacia el Oeste (la tierra de la muerte) igual que hicieron los Iberos, Ligures y Pelasgos, milenios antes en sentido inverso que querían huir de La Atlántida, y que habían dejado tras de sí el recuerdo de la gran catástrofe natural. Y otros, milenios después, expulsados de su tierra de residencia (Península del Indostán) emprenden la marcha hacia Occidente; puede que los duros golpes del destino les hayan hecho olvidar la memoria de los orígenes, ya no recuerdan la catástrofe que anegó la patria de sus ancestros, solo recuerdan que ahora (en la India del siglo XIII) los han perseguido y quieren volver a asentarse en el territorio que en un tiempo lejano fue suyo: el lejano Occidente. Esta tesis se basa en tres datos: la migración de Este a Oeste, la utilización de la magia telúrica y, los rasgos étnicos. Recordemos que la cultura atlántico-megalítica llega hasta el Sur del Indostán. Veámoslo de esta manera: los Atlantes (el pueblo constructor de megalitos) llega en el último periplo de su emigración, hasta la India, se cree que allí constituyó la base de lo que luego serían las Tribus dravídicas que después fueron sojuzgadas por los conquistadores arios del Norte, que constituyeron las castas elevadas, Brahmanes y Khsatryas, que se impusieron a los Shudras que se derivaban de drávidas. Y lo que viene a confirmar todo esto es el dato de que los clanes gitanos estaban dirigidos por un jefe que competía el poder temporal, pero la autoridad espiritual era la “madre de la tribu”, la Furi-Day (es una sociedad matriarcal, lo mismo que el mito atlante). Son las demás mujeres de la tribu las que confieren el título de Furi-Day por algún prodigio sobrenatural durante la ceremonia nocturna de luna llena a la que asisten las hembras del clan. Esta Furi-Day es la que elegía el nombre secreto de cada recién nacido, quien lo trae a la vida, quien realiza las prácticas mágicas, consejera, casamentera; es una organización matriarcal.

Durante el Siglo XIX cambió la vida de los gitanos en Barcelona, tuvieron cierto prestigio social en algunos barrios como “La Isleta” como ya hemos visto o Sants. “El Bigotis” fue un Rey de los gitanos que alcanzó gran popularidad, ostentaba unos mostachos de más de dos palmos. Un día murió accidentalmente al disparársele la pistola que siempre le gustaba llevar; a su entierro acudieron miles de gitanos de toda la Península y constituyó un acontecimiento apoteósico y una muestra del poderío de esta comunidad.

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(autor: Antonio Marín Gómez)

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