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En busca de una Proto-historia probable del pueblo rhom

Jacob y las doce tribus de Israel

Jacob-patriarcaHISTORIA DE JABOB

La historia de Jacob es relatada en el libro del Génesis. Era el segundo nacido de los hijos mellizos de Isaac y Rebeca. Durante el embarazo, los niños luchaban dentro de ella (Génesis 25:22). Cuando Rebeca consultó a Dios el porqué de la lucha, recibió el mensaje que dos naciones, muy distintas entre ellas, estaban formándose en su vientre, y que el mayor serviría al menor. Rebeca siempre recordó estas palabras. De hecho, ella siempre favoreció a Jacob. mientras, su padre, Isaac, hizo lo propio con Esaú, el otro hijo mellizo, quien era hombre de campo y gran cazador.

EL HIJO PRIMOGENITO

Los muchachos crecieron, Esaú, el cazador, un día llegó hambriento, y pidió a su hermano Jacob el plato de lentejas que estaba comiendo. Jacob, aconsejado por su madre, propuso le vendiera la primogenitura como hijo mayor, a cambio del alimento. Viendo Esaú, que este derecho era inservible para él en caso de morir, accedió. De este modo en palabras bíblicas «despreció su primogenitura»., haciendo célebre la frase “venderse por un plato de lentejas”

Este derecho no sólo incluía el tradicional rito de los primogénitos, el cual garantizaba un rango superior en la familia (Génesis 49:3), sino también, una doble porción de la herencia paternal (Deuteronomio 21:17). La figura del Hereu en el derecho civil catalán podría provenir de esa misma ley.

isaac bendice jacobCuando Isaac envejeció, su vista era ya escasa al punto de quedar casi ciego, Al final de sus dias envió a su hijo Esaú a los campos, diciéndole que cazara algo para una última comida antes de recibir su bendición. Rebeca escuchó, y ofreció a Jacob dos cabritos para degollar y llevarlos a su padre,para recibir él entonces la bendición en lugar de de su hermano mayor. Jacob objetó que su padre Isaac, aunque estaba casi ciego, podría notar la sustitución sólo con tocarlo, pues Esaú era bastante velludo siendo él lampiño. Rebeca le dijo que no se preocupara, y le colocó a modo de fundas las pieles de los cabritos sobre cuello y manos.

Así vestido, se presentó Jacob ante su padre clamando ser su hermano. Isaac, Confundido por la voz, pidió se acercara para palparlo. Cuando se hubo asegurado que era Esaú, le dio la bendición. Tan pronto como Jacob recibió dicha bendición, marchó. Al llegar Esaú y,conocer lo ocurrido montó en cólera. Isaac, consciente de su error, solo pudo darle una bendición menor. Esaú, juró venganza una vez que su padre muriese.

LABAN Y RAQUEL

Rebeca, advirtiendo las intenciones de Esaú, hizo huir a su hijo Jacob enviándolo a casa de Labán, su hermano, confiando que la furia de Esaú disminuyera y aconsejando también que buscara esposa en su nueva casa

Huyó Jacob y Esaú envió a su hijo Elifaz para asesinarlo y despojarlo de todas sus pertenencias. Elifaz, célebre arquero, se hizo acompañar de diez de sus tíos maternos en la persecución dando alcance a Jacob en Siquem. Jacob suplicó:: «Toma todo lo que tengo, pero perdóname la vida y Dios considerará tu pillaje una acción justa». En consecuencia, Elifaz lo dejó completamente desnudo llevandose el botín; pero esa muestra de compasión enfureció a Esaú. (Jubileos 25, 1ss.; Gen.Rab.767;Mid. Hagadol Gen.437;Sepher Hayashar 96-98.).

Solo la simpatía que sentía por su hijo primogénito Esaú pudo haber decidido a Isaac a no dar a Jacob los regalos de la dote para la novia; y para que esa actitud severa no pudiera interpretarse como una condena de la bendición robada, se habla del pillaje de Elifaz, que, de forma un tanto inverosímil, sirve a Jacob de excusa por haber llegado con las manos vacías.

La Escalera de JacobCamino de Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es comúnmente referida en las Escrituras como «la escalera de Jacob». Desde la cima de la escalera, escuchó la voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán. Paró allí, y encontró a la hija más joven de su tío Laban, su prima Raquel. Después de que Jacob viviera un mes con sus familiares, Laban le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob propuso y pactó con Labán que le serviría por siete años, pues no tenía dote para ofrecerle, a cambio de la mano de Raquel en matrimonio, a lo cual accedió Laban.

Esos siete años le parecieron a Jacob «unos pocos días, por el amor que sentía por Raquel». Cumplido el tiempo establecido, Laban le dio a su hija mayor, Lea, en su lugar. En la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó, a lo que Laban explicó que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que la hija mayor. Entonces ofreció a Jacob darle a Raquel también, aunque sólo si permanecía con Lea. Aceptó nuevamente cumpliendo y trabajando por ello otros siete años.

Una vez que esposado con ambas, «Jacob amó a Raquel y despreció a Lea». Viendo esto Dios, hizo que Lea procreara muchos hijos. Parió a Rubén, Simeón, Leví, y a Judá antes de trasladarse al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, sentía celos de su hermana, entonces pidió a Jacob que tuviera hijos con su criada, Bilha, para que ella pudiera tener un hijo a través de ella. Jacob hizo así, y Bilha dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea fue también victima de los celos, y pidió a Jacob que tuviera hijos también con su otra criada, Zilpa. quien a su vez, dio luz a Gad y Aser. Entonces, Lea engendró nuevamente, dando a luz a Isacar, Zabulón y su hija Dina. Dios se acordó entonces de Raquel y finalmente, le concedió dos hijos, José y Benjamín.

genealogia de Abraham WP

Cuadro Genealóligo de la familia del patriarca Abraham,

Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa, pero notó Laban que Dios le había bendecido en gran manera mientras Jacob estuvo allí, por lo que le rogó que se quedara. Laban ofreció compensarlo, entonces Jacob propuso, como posible pago, parte del hato de ganado de Laban, el cual había aumentado grandemente. Accedió Laban e inmediatamente entregó las reses que Jacob había solicitado.

Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Laban advertían que Jacob tomaba la mejor parte de los rebaños, también la actitud amistosa de Laban hacia Jacob cambió. Advirtió entonces Dios a Jacob salir del pueblo y tras anunciarlo a sus esposas, partieron sin dar aviso. Antes de salir, Raquel se llevó consigo los íconos religiosos de la casa de su padre.

Laban en gran ira, persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lo lograra alcanzar, Dios le habló en sueños y le dijo:

«Debes tener cuidado de no hablar mal a Jacob» (Génesis 31:24).

Al encontrarse en el monte Gilead, acusó Laban a Jacob de escapar con sus hijas, como si fueran cautivos,  cuestionando acerca de su repentina partida. Lo advirtió que pudo herirlo, pero el mensaje de Dios la noche anterior lo detuvo de hacer esto. Finalmente preguntó por los íconos que habían sido robados.

Jacob no sabía que era Raquel quien había cogido los iconos. Por tanto, le dijo a Laban que quienquiera que los hubiera robado debería ser muerto, tras lo cual solicitó permitirle buscar. Así hizo Laban, mas cuando buscó en la tienda de su hija, Raquel, consiguió esconder sentándose sobre ellos. Terminó la búsqueda, y vino sin nada, Jacob, molesto, lo reprendió por haberlos perseguido e insistir en revisar sus cosas, recordándole todo el tiempo que habían perdido mientras revisaban las tiendas. Ambos hicieron la paz, y Laban regresó a casa, y Jacob siguió su camino.

Regreso a la Tierra Prometida

«Y Jacob siguió su camino, y los Ángeles de Dios lo encontraron», por su fe en el Dios de Abraham. Trasa este encuentro Jacob llamó al lugar Majanaim, del hebreo מחניים, ‘el doble campo’. Era el mismo lugar  donde en sueños había visto a los ángeles «subiendo y bajando en la escalera cuyo inicio alcanza los cielos» (Génesis 28:12).

Canaan e israelTan pronto se acercó a la Tierra Prometida, Jacob envió un mensaje a su hermano, Esaú. Sus emisarios regresaron con la noticia de que Esaú estaba próximo a encontrarlo con un ejército de 400 hombres. En gran agonía, Jacob se preparó para lo peor. Sintió entonces que debía encomendarse…

«Dijo Jacob: “Dios de mi padre Abraham, y dios de mi padre Isaac, Yahvé, líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo”» (Libro del Génesis 32:10,11).

«Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros» (Gn 35:2). «Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú» (Gn 35:1).

De los «dioses ajenos» al Dios de Jacob

«Y dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos…» (Gn 35:4).

Resulta conveniente ahondar el porqué de la existencia de esos «dioses ajenos» en la familia de Jacob:

Originalmente su abuelo Abraham y su bisabuelo Teraj adoraban a dioses «extraños» (posiblemente el dios Anu; ver Josué 24:2), Debemos considerar que durante centurias, toda la región había estado influida por las religiones de origen cananeo, cuya principal deidad era el dios El, principal deidad de los nómadas y, por ende, con funciones eminentemente éticas y sociales. Es descrito como tolerante y benigno: recibe los títulos de «Padre de los dioses», «creador de las criaturas», «rey», «padre de los hombres», «amable», «misericordioso» y «toro». De este dios, Baal era hijo.

Por otra parte es sabido que el patriarca Abraham fue llamado por esa divinidad, de nombre Yahvé (Gn 12:1; 17:1; 22:11-16). Y ese mismo Dios también llega a su sobrino Lot (Gn 19:16), a su sobrino Betuel (Gn 24:50), a su sobrino nieto Labán (Gn 24:31), y a su hijo Isaac (Gn 25:21).

Posteriormente, cuando Abraham llegó a Canaán se encontró con que la población local cananea denominaban a su Dios El. Así, en la ciudad de Siquem se lo conocía como «El Berit» (Jue 9:46). En Betel se lo llamaba «El Betel» (Gn 31:13). En Jerusalén le decían «El Elyón» (Gn 14:18-20). En Beersheba, «El Olam» (Gn 21:33). En el desierto del Néguev, «El Roí» (Gn 16:13). Ciertamente Melquisedec Melkisetek o Malki Tzedek (traducido como “mi rey (es) justo (justicia)”; Armenia: Մելքիսեդեկ Melkisetek), es el rey y sacerdote mencionado en el capítulo 14 del libro del Génesis, tras el rescate de Lot prisionero de Codorlaomor, Se presenta como el rey de Salem y sacerdote de El Elyon (“Dios Altísimo”). Melquisedec toma pan y vino para bendecir a Abraham y a El Elyon.

Melquisédec es el título del primer escrito del códice IX de Nag Hammadi (NH IX 1-27). Es un texto copto que presenta notables lagunas, escrito originalmente en griego, probablemente en Egipto durante el siglo III. El texto refleja una mezcla de las costumbres judías, cristianas y gnósticas. Su presentación de Melquisedec es un buen ejemplo de ello: no es sólo el anciano “Sacerdote de Dios Altísimo” como en el Antiguo Testamento, sino que también aparece como “sumo sacerdote” escatológico y guerrero “sagrado”.

 La figura de Melkisedék representa, probablemente, el más complejo enigma del Viejo y sobretodo del Nuevo Testamento. Sacerdote al cual también Jesús es segundo:

 “Tu eres sacerdote en eterno según el orden de  Mellkisedék.” (Hebreos 5:6).

“Este Melkisedék, rey de Salém, era sacerdote del Dios altísimo. El se acercó a Abraham, mientras que este volvía tras haber derrotado unos reyes, y lo bendijo. Y Abraham les dio un décima de cada cosa. El es antes de todo, traduciendo su nombre, Rey de justicia; y pues también rey de Salém, es decir Rey de paz. No tiene padre, ni madre, sin genealogía, sin inicio ni fin de vida, similar entonces al Hijo de Dios. Este Melkisedék se queda sacerdote en eterno.” (Hebreos 7:1).

Una vez establecidos en la nueva tierra, aquellos patriarcas empezaron a rendir culto a «Dios» en los santuarios del dios El. Es posible advertir que Isaac le pide a El Shaddai bendiciones para su hijo Jacob (Génesis 28:3). Todo parece contribuir a una especie de sincretismo entre el dios El y el Dios Yahvé.

pedra lucha jacob

Escena de la lucha entre Jacob y el ángel, representada en el pilar sudoriental de la catedral de Girona.

JACOB RENOMBRADO ISRAEL

Asimismo es interesante observar que Jacob se encontró con un «ángel» (Elohim) con el cual tuvo que luchar hasta vencerlo: «Y el varón (ángel) le dijo: “¿Cuál es tu nombre?”. Y él respondió: “Jacob”. Entonces el varón dijo: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido»

Es notable que ese ángel pareciera desconocer su nombre, asimismo tampoco da el suyo. No obstante, Jacob le pide bendición (Génesis 32:26-30).

 Jacob dice haber visto a Dios cara a cara (Gn 32:30)]. Al analizar su nuevo nombre, surge la identidad de ese ‘Dios': Israel (ישראל, del hebreo «el que lucha con[tra] El»). Sin embargo esta explicación no es del todo clara, pues no parece lógico considerar que se dé nombre tomando por referencia lo que se pretende negar y menos en cuestiones espirituales. Posiblemente es más racional considerar el sincretismo de los cultos cananeos salidos de Egipto, con las tradiciones israelitas, quienes tras tras la muerte del rey Salomón se separaron de la tribu de judá y renunciando a la casta sacerdotal de los levitas.

El Dios Yahvé se le había aparecido «cuando huía de su hermano Esaú» (Gn 35:7). [Este Elohim o «ángel» (lit. el ‘mensajero’ de Yahvé) no es aquí un ser distinto de Dios (ver Éxodo 3:2-6), sino el mismo Señor en cuanto que se hace presente para comunicar un mensaje].

Lo destacable es que Jacob y sus descendientes (israelitas) se caracterizarían por luchar contra aquellos ídolos y por lo tanto adorar al único Dios Yahvé. Durante siglos, el pueblo de Israel lucharía contra la idolatría (los «dioses del materialismo» como El, Baal, Asera…).

Posteriormente, en el Capítulo 35, la Biblia indica:

«Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo. Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel. También le dijo Dios: Yo soy el Dios omnipotente» (Gn 35:9-11).

Yahvé  se presenta a Jacob (de quien no ignora el nombre) y lo bendice.

Jacob se estableció en Sucot por un tiempo. Mientras viajaba posteriormente a Efrata, camino de Belén, Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, Benjamín, seis años después del nacimiento de José (Génesis 35:16-20).

Los descendientes de Jacob vivirían en Egipto. Continuaron el sincretismo religioso y se contaminaron con la vida materialista, egoísta e interesada de ese imperio (con sus ‘dioses materiales’) (Ezequiel 20:7), por eso el verdadero Dios tenía necesariamente que darse a conocer:

«El día que alcé mi mano para jurar a la descendencia de la casa de Jacob, cuando me di a conocer a ellos en la tierra de Egipto, cuando alcé mi mano y les juré, diciendo: Yo soy Yahvé, vuestro Dios» (Libro de Ezequiel 20:5).

Se entiende entonces que entre tantos dioses que impregnaban la vida del pueblo (Ez 20:8), los israelitas destacaran posteriormente: «Nuestro baluarte es el dios de Jacob» (Salmo 46:7, 11).

PERDIDA Y REENCUENTRO CON JOSE

Isaac murió a la edad de 180 años, 44 después de que bendijera a Jacob y lo enviara a Laban a buscar esposa. En este tiempo también, José, quien contaba con 30 años, había sido liberado de prisión en Egipto y había sido nombrado Gobernador de esas tierras, sólo por debajo del Faraón.

Tiempo antes de esto, Jacob había sido profundamente «herido en su alma» con la desaparición de su hijo amado, José, quien había sido vendido a unos mercaderes por sus hermanos a causa de los celos que le guardaban (Génesis 37:33). El resto del Génesis sigue la historia del hambre y de las idas sucesivas hacia Egipto para comprar grano (Génesis 42), que llevó al descubrimiento del José perdido.

El patriarca fue a Egipto con toda su casa a pedido de su hijo José. Las escrituras dicen que Jacob llegó a residir en la tierra de Gosén, con su familia que sumaban «setenta almas» (Éxodo 1:5); (Deuteronomio 10:22).

Llegando al fin de su vida, convocó a sus hijos al lado de su lecho y los bendijo. Junto con sus últimas palabras repitió la historia de la muerte de Raquel, aunque habían pasado ya 51 años desde su deceso, «como si hubiera sucedido ayer». Entonces, «él hizo un último pedido a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, y expiró su alma» (Génesis 49:33), a la edad de 147 años (Génesis 47:28)

DESCENDENCIA

Jacob tuvo doce hijos. De su primera esposa Lea tuvo a Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. También tuvo a su única hija Dinah.

De Bilha, sierva de Raquel, tuvo a Dan y Neftalí.

De Zilpa, sierva de Lea, tuvo a Gad y Aser.

Por último, de su esposa favorita, Raquel, tuvo a José y Benjamín.

Todos ellos comprendían las doce tribus de Israel. Sin embargo, para el reparto de la Tierra Prometida en Canaán, el asunto de Leví y José era más complejo. Los descendientes de Leví, llamados levitas, fueron la tribu de sacerdotes, y por lo tanto, tras el Éxodo no recibieron tierras, sino el diezmo de sus hermanos («El Señor es el lote de mi heredad, me encanta mi parte»). En cuanto a José, propiamente no se habla de la Tribu de José, sino de las tribus de los hijos que tuvo con Asenat, su mujer egipcia, Efraím y Manasés.

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