Canal Gitano

En busca de una Proto-historia probable del pueblo rhom

Personal

Caravana de gitanos, V. van Gogh

No es una historia personal lo que aquí propongo, sin embargo me pareció honesto expresar mi particular percepción y relación con la realidad gitana.

Tengo ya cierta edad, sería “tío” de haber sido educado según la tradición gitana. Me siento afortunado de pertenecer al clan familiar del que provengo y del que formo parte. Aunque ahora me sobran motivos para pensar lo contrario, desgraciadamente nunca se mencionó en familia la ascendencia gitana por ninguna de las ramas. De este modo la pobre idea que pude formar acerca del colectivo gitano se ajustó básicamente a la programación de información negativa, vertida habitualmente sobre ellos por representantes de la cultura no gitana. A pesar de aceptar dogmáticamente esas ideas, siempre percibí su presencia revestida por un halo de poderosa intriga, mezcla de esencia y alma.

¿Quién no tiene recuerdos de infancia llenos de fantasía relacionados con los gitanos? Para encontrar mi primer recuerdo acerca su existencia, he de retroceder a lo mas elemental.

Debía ser pasado el mediodía de un excelente día de diciembre. Los recuerdos son demasiado confusos y antiguos para recordar exactamente como fue posible que mi hermano mayor consiguiera dar conmigo, mientras me revolcaba en uno de los arenales dispersos por el enorme patio de aquel colegio de hermanas religiosas. Fue al acercarse cuando propuso marcháramos al hospital a ver a nuestra madre que ese día había dado a luz nuestro quinto hermano. A mi me pareció el mejor plan del mundo y el cielo se dispuso adecuadamente para que ningún adulto percibiera a dos churumbeles de 4 y 5 años saliendo decididamente por la puerta grande del colegio, aprovechando una oportunidad tan inexplicable como fortuita.

Sin dudar del rumbo que debíamos tomar, comenzamos a recorrer el camino que sabíamos nos llevaría a conocer al nuevo hermano. No sé determinar el tiempo que debíamos llevar escapados, pero fue suficiente para dejar el camino y alcanzar la carretera principal que estabamos convencidos nos conduciría al hospital. Fueron una familia de gitanos quien primero se acercó a nosotros para interesarse sobre nuestra decidida marcha. No puedo recordar el diálogo, sin embargo fueron nuestros custodios un trecho del camino, dejando en mi memoria el recuerdo amable y sereno de su compañía. Al poco rato pasaba por delante nuestro, un autocar del colegio a cuyos ocupantes saludamos efusivamente. Alguien nos debió reconocer y el vehículo se detuvo pocos metros mas allá,  poniendo fin de este modo a nuestra arriesgada aunque hermosa odisea.

Esta anécdota quizás era preámbulo de lo que 45 años más tarde volvería a suceder. Bajo unas condiciones que sólo el cielo conoce las razones porque se ordenó de eso modo, nos reencontramos caminando juntos, inmersos esta vez en un viaje algo diferente aunque igual de apasionante. Admito que nos cogió tan desprevenidos como dispuestos, para afrontar el que con toda seguridad iba a ser el mayor desafío vital que jamas hubiésemos imaginado existiera y muchos menos que pudiéramos formar parte de él.

Invito a conocer esta historia que podría parecer no guarda relación con el objeto de CANAL GITANO, sin embargo es solamente una apariencia y como todas las piezas de un complicado rompecabezas, proporcionará una base de pistas e indicios que debe facilitar la comprensión global del planteamiento expuesto en esta web.

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